Las imágenes de este vídeo fueron tomadas hace tiempo en Castellar

de n´Hug, un rincón digno de ser visitado, donde el agua cristalina surge de entre las rocas y se desparrama en varias cascadas entre una exuberante arboleda. Desgraciadamente ya sólo se puede disfrutar de tanta pureza en las cabeceras de nuestros ríos, pues en la mayoría de lugares sus aguas están sucias o cantaminadas. La prueba de ello es que el martin pescador es cada vez más escaso.    

        REFLEXIONES DESDE EL MONTSENY

Bueno, a medida que vamos subiendo al Montseny, a través de esta retorcida carretera, dejando atrás Sant Celoni, nos damos cuenta de la soledad que encierran estos profundos valles. Aquí predominan los bosques de encinas de pequeño tamaño, casi impenetrables, pero también los hayedos y los castaños. Estos últimos se encuentran en regresión debido a un hongo. En algunas zonas -quizá debido al cambio climático- vemos muchos árboles muertos que destacan entre el intenso verdor de las laderas de la montaña.

Llegamos al camping Fontmartina el día 5 de agosto. Instalamos la caravana bajo un enorme abeto, pero hay muchos más a lo largo de las parcelas o feixas de que consta el mismo. Estamos a unos 700 metros de altura, a medio camino de la cima más alta, el Turó de l ´Home, en donde ya sólo crecen algunos raquíticos pinos silvestres y pequeños hayedos en las zonas resguardadas de los vientos. El resto son enebros y prado alpino. Y es que estamos ya a 1.706 metros sobre el nivel del mar. A nuestros pies un paisaje indescriptible: toda la franja del Vallés y, en días claros, se puede ver también el mar. Nuestros sentidos se llenan de nuevo de esa soledad que proporciona la altura, y tenemos donde elegir, pues hay otras cumbres de menor altura, pero igualmente interesantes, así como muchos itinerarios de diversa dificultad. No hay que pasar por alto una visita a Santa Fe del Montseny y su hermoso hayedo con fuente, así como el pantano, cuyo arroyo tributario, en donde desovan las truchas, marca uno de los 2 itinerarios. A lo largo de ambos nos acompaña siempre una profunda sombra y quietud.

Sin embargo, el mes de agosto no es el más indicado para observar aves y fauna en general. Es el mes del letargo, del calor por excelencia, del cansancio, de la canícula. Estas circunstancias también afectan a la fauna, y solamente al amanecer o al anochecer podemos detectar su presencia, como me ocurrió anoche con una lechuza, cuyo griterío se prolongó durante varios minutos, aunque no pude verla. Por otra parte, la abundacia de jabalíes la pude ver la otra noche cuando tuve necesidad de ir al lavabo a eso de las 3 de la madrugada, pues tropecé con una horda de jabatos bajo los avellanos que rodean las 45 escaleras de acceso. Es increíble cómo esta especie ha proliferado. Pero aquí también viven liebres, perdices, serpientes, muchas lagartijas, lagartos, garduñas, pájaros carpinteros, algunas águilas y busardos y muchos pajarillos como carboneros y especialmente trepadores azules. Estos últimos tienen la costumbre de bajar por los árboles cabeza abajo.

Pero una de las razones principales para una estancia en el Montseny en esta época del año es sin duda el clima, que puede variar de un momento a otro, pero siempre tan distinto del llano. Podemos sentir aquí el frescor de tanta vegetación exuberante, bajo estos hayedos en donde se desparraman entre las rocas algunas corrientes de aguas cristalinas. A tan solo 15 kilómetros de aquí reina estos días sólo un calor sofocante. El mes de julio ya está considerado por los especialistas como el más caluroso desde que se tienen registros. Y el de agosto no se queda atrás...

Pero en el punto más alto del Montseny casi siempre hay nubes, las cuales al atardecer se desparraman montaña abajo. Las vemos desde el camping, disfrutando del frescor que nos proporciona esta gran selva verde, aunque las aves y la fauna autóctona en general no se deje ver fácilmente.

 

Sergio Reinaldo, 21-8-17

 

 

Vista desde Turó de L´home. Foto: Sergio Reinaldo
Sot del Infern. Foto: Sergio Reinaldo
Pla de la calma. Foto: Sergio Reinaldo

                  INVIERNO EN VERANO

Tenemos que acostumbrarnos a los bruscos cambios del tiempo. El día 24 de junio salimos de Cerdanyola del Vallés (Barcelona) en dirección a Torla (Huesca). Los primeros 2 días sufrimos un calor sofocante. Toda España estaba ardiendo, algo inusual en un mes de junio. Temperaturas propias del mes de agosto. En esta situación llevábamos ya unos 15 días, y de ahí que partiéramos en busca de un paraiso fresco, lleno de vida, de agua, de naturaleza..., y esto es lo que aún se encuentra en el valle de Ordesa, un mundo oculto, de una grandiosidad poco común, en donde los amantes de la naturaleza podemos satisfacer nuestros caprichos, si tienes ganas de caminar y descubrir...

 

Pero pronto tropezamos con el inconveniente de las inclemencias atmosféricas, debido a una entrada de aire frío que venían anunciando los servicios meteorológicos, de modo que aún hoy, día 1 de julio, el viento, la llovizna, las bajas temperaturas (llegó a nevar en las cumbres), las súbitas tormentas, hacen que nuestros anhelos se vean reducidos a los caprichos del tiempo. Pero no importa que hayamos tenido temperaturas en el valle de menos de 8 grados centígrados, pues nuestra moral sigue siendo alta, y aprovechamos los momentos de bonanza, de sol, para salir al río Ara en busca del mirlo acuático, sin ningún éxito, pues esta especie ya es muy difícil de ver. Parecen haber ocupado su puesto las lavanderas cascadeñas, muy abundantes. Las puedo filmar desde el puente de acceso al camping Río Ara, muy visitado también por las escasas golondrinas comunes, que vuelan arriba y abajo casi tocando el agua con sus alas en busca de los escasos insectos que con estas temperaturas aún puedan volar. Sacar adelante las nidadas les debe de resultar bastante difícil.

 

En el valle de Ordesa hay aves rapaces y buitres como el quebrantahuesos y el leonado, pero también córvidos como las cornejas, que en un principio creí se trataba de grajas, hasta que me enteré por Internet que las únicas grajas de España viven en León. Las cornejas son muy abundantes en Torla, pues he tenido ocasión de fotografiar y filmar algunas. En cuanto a las rapaces, me he tenido que conformar con verlas volar sobre las altas cumbres que rodean el valle. En cuanto a otros animales, como corzos, cabras, etc., he estado largos ratos mirando a través de mis prismáticos hacia las cumbres, pero no he advertido nada que se moviera. Y es que descubrir animales resulta una tarea bastante difícil. Muchas veces es el resultado de una casualidad. Pero en medio de esta naturaleza pura siempre hay alguna sorpresa, pues he visto un ejemplar de un pájaro poco frecuente: el camachuelo. Fue en el camino a Torla, posado sobre la rama seca de un arbolillo. Sentí no poder inmortalizar el momento, por no llevar la cámara encima. Sin embargo, he podido filmar y fotografiar pinzones -muy abundantes en todas partes-, petirrojos, mirlos, lavanderas, currucas capirotadas... y golondrinas; sí, quizá las últimas golondrinas de Torla, a juzgar por la inquina que les tienen los lugareños, pues les ensucian sus lindas calles con cacas corrosivas. Nada tiene de extraño que nos digan que "antes" había muchas más golondrinas. El puritanismo de la gente, el turismo, la excesiva limpieza, las construcciones modernas dan como resultado el declive de muchas especies. Observo que la gente no tiene consciencia de que necesitamos a las aves, que sobre todo las insectívoras resultan muy beneficiosas para los ecosistemas.

 

Sergio Reinnaldo, 1-7-17           

Corneja. Foto: Sergio Reinaldo

                MÁS SEÑALES PRIMAVERALES

En nuestro cuaderno de campo anterior, olvidamos citar 3 especies de aves que también se ven con frecuencia en el soto y parque de la Riera de Sant Cugat y, por supuesto, en otros lugares: se trata de los estorninos negro (Sturnus unicolor) y pinto (Sturnus vulgaris), que pueden imitar sonidos de otras aves y se les puede ver muy agitados en las copas más altas de los árboles, los tejados de las casas o las antenas de televisión; el zorzal común (Turdus philomelos), que de momento lleva una vida muy discreta, pero que pronto alzará su voz desde la copa de algún árbol alto; por último, el mirlo común (Turdus merula), que ha constituido la sorpresa de hoy en las montañas de Sant Cugat-Bellaterra al oír por primera vez su canto. También hemos podido escuchar el de la curruca cabecinegra (Sylvia melanocephala), un pajarillo muy frecuente entre arbustos y malezas. Y tratándose de aves de mayor tamaño, habitantes frecuentes de los pinares, ya hace algunos días que se oye la llamada del azor (Accipiter gentilis) e incluso hemos podido ver uno perchado en una rama de un pino, pero que enseguida levantó el vuelo a causa de nuestra presencia. Y no pasaremos por alto referir una anécdota de hace algunos días: la presencia de una culebra en una zona soleada, al lado de una agrupación de lentisco cercana a una pista. Naturalmente, en cuanto advirtió nuestra presencia, desapareció entre las marañas de raíces y hojas. En cuanto a los anfibios, nos hemos acercado a una charca pluvial, para ver con sorpresa cómo se movían en gran número –y aún habrá más- unos diminutos renacuajos de sapo corredor. Este es el resultado del aumento relativo de las temperaturas, así como del incremento en las horas de luz durante el día, pues ambos factores tienen una gran incidencia en todos los seres vivos. 

 

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-,26-2-17)

 

Estornino negro. Foto: Sergio Reinaldo
Curruca cabecinegra (macho). Foto: Sergio Reinaldo
Mirlo común (macho). Foto: Sergio Reinaldo
Azor común. Foto: Sergio Reinaldo
Charca entre herbazal. Foto: Sergio Reinaldo
Renacuajos sapo corredor, de una semana. Foto: Sergio Reinaldo

                 ADIÓS INVIERNO, ADIÓS...

A un mes para que se inicie la primavera astronómica, caminando a lo largo del deteriorado soto de la Riera de Sant Cugat, a su paso por las afueras de Cerdanyola del Vallés (Barcelona), noto que algo en la vida de las aves parece estar cambiando. El estridente y frecuente canto del verdecillo (Serinus serinus) es la primera nota musical que llega a mis oídos; le sigue la del verderón común (Carduelis chloris), y el canto más lejano y aún poco frecuente será el del escribano soteño (Emberiza cirlus). También puedo oír al mosquitero común (Phylloscopus collybita). Citar también a un ave muy frecuente: el petirrojo común (Erithacus rubecula), que tras un paréntesis vuelve a cantar de nuevo como en otoño. A pesar de ser una especie frecuentemente enjaulada, puedo oír también el gorjeo del jilguero (Carduelis carduelis).   En el parque que se extiende a lo largo de la riera, las parejas de urracas (Pica pica) están muy inquietas desde hace días arreglando nidos viejos situados en las horquillas de los árboles o construyendo nuevos. Se sabe que los córvidos entran en celo en pleno invierno. De vez en cuando veo volar sobre la sierra de Collserola a una pareja de busardo ratonero (Buteo buteo), señal inequívoca del comienzo de sus relaciones amorosas. Por otra parte, desde hace tiempo vengo observando a un ejemplar de esta especie utilizando distintos posaderos de árboles e incluso en una cerca no muy lejos de la riera, pues tanto en ésta como en los campos abundan los ratones.

Otras aves que se pueden ver en estos lares y que aún no parecen muy animadas ante la próxima primavera son el pinzón común (Fringilla coelebs), la abubilla (Upupa epops), paloma torcaz (Columba palumbus), agateador común (Certhia brachydactyla), pico menor (Dendrocopos minor), pico picapinos (Dendrocopos major), pito real (Picus viridis) y algunas especies de currucas y mosquiteros. En cuanto al colirrojo tizón (Phoenicurus ochrurus), muy frecuente por todo el parque, decir que en primavera sube en altura, por lo que ya no lo podremos ver aquí.

Para terminar, decir que hay un pájaro invasor de la sierra de Collserola que canta casi todo el año y que se aventura a lo largo del soto con tal de que haya maleza y zonas umbrías. Se trata del ruiseñor del japón (Leiothrix lutea). Se ha adaptado muy bien a esta sierra. Y otro pájaro cada vez más frecuente en ambientes urbanos, parques y sotos es la cotorra argentina (Myiopsitta monachus), que muchas veces se apodera de los nidos de las urracas. 

 

 (Sergio Reinaldo - NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 22-2-17

             

Verdecillo. Foto: Sergio Reinaldo
Petirrojo común. Foto: Sergio Reinaldo
Pinzón vulgar. Foto: Sergio Reinaldo
Colirrojo tizón. Foto: Sergio Reinaldo
Cotorra argentina. Foto: Sergio Reinaldo

                         URRACA (Pica pica)

Es sabido que los córvidos son aves muy inteligentes. Entre ellos, son las urracas, tan frecuentes incluso dentro de nuestras pueblos y ciudades, las que mejor se han adaptado al progreso insostenible que estamos viviendo.

 

En las afueras de mi ciudad, Cerdanyola del Vallés (Barcelona), está situado el Parque de la Riera de Sant Cugat.  En ambas orillas de la riera crecen árboles casi centenarios, especialmente Plátanos (Platanus hispánicus), pero también cañas y zarzales. Al otro lado hay extensos campos de cultivo. En el parque predominan los arbolillos y muchas lomas cubiertas de hierba. Y más allá de los campos comienza la sierra de Collserola. Salvo la sierra –a donde se desplazan con menor frecuencia-, estamos, pues, ante el hábitat ideal de las urracas. Y lo cierto es que son abundantísimas.

 

Las urracas tienen costumbres sedentarias. Se emparejan de por vida. Y todas aquellas personas que hayan osado domesticarlas –a lo que se acostumbran fácilmente-, saben que tienen la extraña costumbre de robarles los objetos brillantes, como sortijas, relojes, pulseras, gafas, etc. Las urracas localizan los desperdicios en los basureros con sorprendente rapidez, lo mismo que los insectos o gusanos, desenterrándolos con su largo pico corvino. Por el suelo suelen caminar o andar a saltitos, a veces abriendo las alas.  Tienen un vuelo pausado, un tanto desgarbado y en línea recta. Su longitud es de unos 45 centímetros y su envergadura de 60.  En cuanto a su colorido, podríamos decir que es uno de los córvidos más bonitos. Es esencialmente negro y blanco, pero el negro despide destellos purpúreos, casi azulados.  Machos y hembras son del mismo color. 

 

Ya en el mes de enero, y como hemos podido comprobar en el Parque de la Riera de Sant Cugat, las urracas machos se acercan a sus viejos nidos situados en la horquilla  de árboles altos, pero también en algunos setos espinosos, emitiendo su característica llamada, una especie de chac, chac, chac o iaach, iaach, con la que pretende involucrar a la hembra en la construcción o reparación  del nido, comenzando el galanteo.  A veces se encuentran varios grupos y entonces comienza una algarabía de voces y diversas escaramuzas por conseguir el mejor sitio en el árbol. Las diversas nidadas de urracas pasan el otoño e invierno con sus progenitores, pero cuando éstos se aparean de nuevo, aquellas parecen dispersarse, de modo que la construcción o reparación del nido es un trabajo íntimo de la pareja. Y, como es natural, no permiten ninguna intrusión de aves foráneas.  Las urracas, como todos los córvidos, no cantan, pero expresan su estado de ánimo con diversas voces, entre ellas, las indicadas.

 

Construyen el nido con ramitas, hierbas, carrizos, hojas,  barro, etc., y sobre él  instalan una cubierta de ramitas espinosas. Su entrada es lateral y a veces bastante difícil de descubrir para cualquier depredador. La hembra pone, generalmente en abril, de 3 a 10 huevos verdosos intensamente pintados, que incuba unos 17 o 18 días, permaneciendo los polluelos en el nido entre 27 y 28 días.

 

Para terminar, algunas observaciones más, que demuestran la inteligencia de estas aves: las urracas localizan rápidamente carroñas en los campos y en las carreteras, y se retiran tan a tiempo del lugar, que es muy difícil atropellarlas. Además, cazan a veces lagartijas, ratones e incluso pajarillos del tamaño de un petirrojo; pero también saquean los nidos de otras aves, incluso del faisán. Dado que se comen los granos en las espigas del maíz, son bastante odiadas por los campesinos, que las cazan y las hacen servir como “espanta pájaros“. Además del hombre, tienen otro enemigo mortal: el críalo, que parasita sus nidos matando de hambre a los polluelos.

 

Las urracas son casi universales, pues se encuentran en toda Europa, gran parte de Asia, norte de Africa y de América. En España, su número oscila entre medio y un millón de parejas reproductoras, pero existe un estancamiento o ligero declive, quizá debido al auge de la cotorra argentina, que se apodera de sus nidos. 

 

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 11-2-17)

 

 

VER TAMBIÉN VÍDEO RELACIONADO:

Urraca. Foto: Sergio Reinaldo

      COLIRROJO TIZÓN (Phoenicurus ochrurus)

 

En otoño, los colirrojos, especialmente el Colirrojo Tizón, nos resulta fácil de ver en zonas donde haya rocas, pero también alrededor de los restos de las basuras que algunos desaprensivos siguen vertiendo en nuestros montes. También aparecen por los tejados de las casas y en los caminos de los montes o en el piso montano y claro  de una agrupación de quejigos, robles o pinos, es decir, áreas relativamente despejadas. Tampoco faltan, por lo tanto,  en las praderas próximas a roquedos.

 

Me resulta curioso ver cómo se alimentan, saltando en vertical por las paredes de algunos caminos en busca de insectos, volviendo frecuentemente a su posadero habitual en las ramas de un arbusto cercano. De vez en cuando cambia de táctica y se suspende como un colibrí  buscando probablemente arañas en otro pequeño arbusto o la corteza de algún arbolillo, siempre cerca del suelo. En otras ocasiones busca el alimento en el suelo, dando saltitos y moviendo la cola al tiempo que se agacha y se levanta. A veces se queda inmóvil durante unos minutos. Es fácil ver a machos y hembras en un determinado lugar.

 

Las hembras suelen ser de un color más claro que los machos, pero ambos se distinguen sobre todo por la cola, que se asemeja a una brasa que surge de su cuerpo. Su tamaño es de unos 15 centímetros.

 

Nuestros colirrojos proceden del centro de Europa e invernan entre nosotros, aunque muchos de ellos son sedentarios. Cuando llega la primavera, cantan desde posadero alto, como una roca, tejado, etc., emitiendo una serie de notas agudas, seguidas de un ruido como el de arrastrar grava. La cópula va precedida de una serie de danzas por parte del macho.  Construye el nido bajo tejados de cobertizos, en pajares, bajo las repisas de las ventanas y también en agujeros de árboles viejos.  Emplea en ello raicillas, pajas, pelos, etc. Pone la hembra 5 o 6 huevos blancos, que incuba durante unos 14 días.

 

Finalmente, diremos que el Colirrojo Tizón es una especie muy común en invierno, que aprovecha las solanas de los montes y caminos para alimentarse, pues en ellos encuentra cada vez más insectos, tal vez porque los inviernos ya no son como antes. De esta forma contribuyen a mantener el equilibrio, eliminando el exceso de insectos debido al cambio climático. 

 

(Sergio Reinaldo - NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 10-2-17)

                                  

Colirrojo Tizón (macho). Foto: Sergio Reinaldo

LOS FRINGÍLIDOS ESTÁN EN PELIGRO

En una mañana soleada es frecuente ver en las afueras de Cerdanyola del Vallés (Barcelona), aunque me consta que también se pueden ver en otros pueblos de la geografía española, a grupos de jóvenes con unas míseras jaulas que cuelgan de los árboles o colocan en los bancos de los parques para que sus inquilinos tomen el sol. Son silvestristas, es decir, personas que capturan fringílidos (jilgueros, verderones, pinzones, pardillos y verdecillos) para concursos de canto o, en muchos casos para ir directamente a la cazuela...

 

El silvestrismo acaba con la vida de numerosas aves, a pesar de que su práctica está prohibida por la Directiva Aves de la Unión Europea. El silvestrismo ha aumentado en España gracias al paro juvenil, que busca un entretenimiento en las muchas horas libres, además de algún dinero. Poco les importa la vida de estas aves, metidas en jaulas de unos pocos centímetros y muchas veces tapadas con un paño para que no se pongan nerviosas. Es increíble la poca sensibilidad de estos individuos, que no entienden que las aves han nacido para ser libres. Por su parte, observo que las autoridades hacen la vista gorda en un asunto tan grave, que ya ha sido denunciado varias veces por Ecologistas en Acción.  

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 5-2-17)

 

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CARRETERA SIN DESTINO

Hay un lugar cercano a Sant Cugat del Vallés (Barcelona), en donde hace años crecía un extenso brezal y en los cortados cercanos se reproducía cada primavera un buen número de abejarucos. Yo solía visitar esta zona con frecuencia y me deleitaba con la contemplación de las numerosas flores. En la charca, cuyos restos todavía existen, se podía ver un gran número de renacuajos. Toda la zona está circundada por sembrados, bosques y pinares de los montes de Bellaterra y Sant Cugat, por lo que no es infrecuente ver volar cuervos y ratoneros. En cuanto a otras aves, además de los mencionados abejarucos, cuervos y ratoneros, en estos lugares solía dedicarme a fotografiar pinzones, zarceros, currucas, mirlos, agateadores, buitrones, verderones, tarabillas, etc.

 

Pero desgraciadamente un día me vi sorprendido por las máquinas, trabajando intensamente a partir del puente próximo en lo que parecía un nuevo acceso -una carretera- que al parecer conectaría con una fábrica de ladrillos. "Adiós al brezal", pensé. A los pocos meses, la fisonomía de la zona cambió por completo. Se acabó la tranquilidad para todos los animales, muchos de ellos dejaron de reproducirse, entre ellos los abejarucos.

 

Sin embargo, el acceso ha quedado inacabado. Sólo falta construir un puente que conecta con la fábrica de ladrillos. Han pasado al menos 10 años desde el inicio de las obras. En este período, los ladrones de cables, plásticos, chapas, tapas, etc., se han llevado la mayor parte de las instalaciones, poniendo en peligro a la gente que no tiene más remedio que caminar por esta indignante carretera abandonada, sobre todo niños. Es un ejemplo más de cómo algunos ayuntamientos tiran el dinero y perjudican la naturaleza.

 

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 5-2-17)

 

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EL VERGONZOSO ESTADO DE MI ENTORNO

Hemos llegado a una situación en la que en contadas ocasiones resulta agradable caminar en algunos entornos, que por otra parte deberían ser casi auténticos paraísos.

Así ocurre, en mi opinión, con las afueras de Cerdanyola del Vallés (Barcelona), convertidas en buena parte en un parque para el uso y disfrute de personas sin ninguna discapacidad. Incluso para quienes tenemos unas condiciones físicas aceptables, no sería extraño que nos torciéramos un tobillo al caminar por algunos accesos con travesaños de madera enterrados transversalmente, cuya tierra que los cubría ha ido desapareciendo por las lluvias, sin que los servicios de mantenimiento del ayuntamiento tuvieran a bien restituirla. Seguramente por falta de presupuesto.

El Parque de la Riera Major, cuando fue inaugurado hace años por el consistorio socialista, nadie imaginaba que llegaría a estar algún día en un estado tan lamentable. La pista que va paralela a la riera no está en mejor estado que otros accesos, pues a falta de gravilla, cuando llueve necesitas llevar botas para el barro y estar dispuesto a saltar charcos.

La misma Riera Major está en un estado tan deplorable, ya no sólo por la pertinaz sequía y las desafortunadas actuaciones del ayuntamiento, como dragados innecesarios y tala de bosques de ribera, que incluso las sufridas pollas de agua, garzas y martines pescadores se ven cada vez menos. La arena se ha acumulado en el lecho de la riera, la cual crea una capa superficial permeable que hace que en muy pocas ocasiones circule el agua en todo el tramo que pasa por el parque. Para completar el cuadro desolador del parque hay que echar un vistazo a la cantidad de desechos que los insociables de siempre tiran a la riera, como por ejemplo una pequeña zódiac o, hace tiempo, un viejo televisor. Por su parte, los gamberros en su día han emborronado con una tintura casi todos los paneles informativos del parque, sin que hasta la fecha se hayan repuesto. Y como una triste ironía destinada a los que aún creemos en un medio ambiente decente, al ayuntamiento hace poco se le ocurrió la luminosa idea de señalar una especie de "recorrido inclusivo" para los sufridos participantes. Espero no se habrá arruinado con esto y se quede sin dinero para acometer de verdad el mantenimiento del parque. 

En la parte positiva, decir que ha aumentado el número de estorninos y torcaces que gritan en las ramas de la arboleda que aún queda a lo largo de la riera. No les importan demasiado los vertidos pestilentes que de vez en cuando se echan a la riera. A nosotros sí, y llegará un día en que tengamos que caminar con mascarilla, más cuando también no muy lejos de la ciudad todavía está la otra vergüenza del pueblo: el vertedero tóxico de Can Planas.  

 

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 23-1-17)

 

 

  Estado de la Riera Major de Sant Cugat en Cerdanyola casi todo el año.     

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        ¿QUÉ HACEMOS CON LOS JABALÍES?

Coruñamiércoles 16 de noviembre de 2.016.

Unos jóvenes se preparan para pasar la noche en lo alto de los árboles, provistos de arcos y flechas para matar a una piara de jabalíes que se pasea por Cambre, poniendo en peligro la seguridad vial, según dicen las autoridades. Esta cacería ha sido autorizada por la Junta de Galicia. Pero en muchos otros lugares de España tenemos idénticos problemas…

Sinceramente, creo que en un país civilizado, amante de los animales, deberían existir otras formas de control de los animales salvajes sin tener que jugar a Robin Hood. A los jabalíes, como a tantas otras especies animales, se les ha ido arrinconando miserablemente, fragmentando su hábitat con autopistas, carreteras y urbanizaciones. Teniendo en cuenta que ya no tiene competidores y dada su elevada natalidad, se ha ido acomodando a nuestro desmesurado crecimiento, acercándose a nuestras ciudades y basureros. Tiene suerte de ser omnivoro, pues de lo contrario ya le hubiese sucedido lo que al lobo, al que sigue odiando buena parte de este país y que probablemente acabará extinguiéndose.

Las medidas urgentes contra los jabalíes no pasan por declararles la guerra y matarlos.

En mi opinión, y en contra de lo que proponen las autoridades, con la colaboración de los indeseables cazadores, a los jabalíes se les debería facilitar pasos o corredores para que pudieran comunicarse entre las distintas partes en las que habitan, como hacen en Alemania. Cuando entran en localidades como Cambre, se debería estudiar seriamente qué caminos toman para llegar al pueblo, con el fin de poner cercados adecuados. Si viviéramos en Africa, ¿cómo nos defenderíamos de los animales salvajes que aún quedan? ¿Pegándoles un tiro?

Para evitar la proliferación de los jabalíes, en mi opinión, antes que matarlos, se les debería capturar, castrar y devolver a su hábitat. Claro, esto resulta más caro para las Administraciones. Además, los cazadores no tendrían su sangriento festín.

Los jabalíes no tienen ninguna culpa de nuestros errores con el medio

Cuando había lobos, los jabalíes nunca proliferaron. Pero emprendimos una guerra sin cuartel contra ellos, sin importarnos lo más mínimo su existencia; los cazadores y los ayuntamientos hicieron su agosto –y aún lo siguen haciendo con otras especies-, con tal de hacer negocio y satisfacer el morbo. Por lo tanto, es previsible que la vida de los jabalíes les siga importando un bledo. Sólo tienen amparo en algunas ONG, aunque poco pueden hacer contra las fuerzas del orden que cumplen las leyes que favorecen el maltrato animal.

(Sergio Reinaldo -NATURALEZA Y DEMOCRACIA-, 20-11-16)

Hembra de Jabalí con sus crías. Foto: Sergio Reinaldo